Sábado, 7 Marzo 2026
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Nakary Mena, la única mujer periodista presa en Venezuela: no se puede tener arcoíris sin lluvia

Nakary Mena

“Una cosa que nos impide avanzar es el miedo, por eso mírate, valórate y admírate, somos arquitectos de nuestro propio destino. No le tengas miedo a la vida, ten miedo a no vivirla, pues no hay cielos sin tempestades”.

Estas palabras son un extracto del discurso que dio la periodista Nakary Mena Ramos el día de su graduación de bachiller en el que fue la oradora de orden y que su mamá, Francis Ramos, aún conserva impreso en una hoja de papel bond. Ella recuerda cuando se levantó muy aplomada y con lágrimas en los ojos se despidió del colegio que le había dado tanto.

“Desde niña siempre andaba con una libretita, un lápiz y escribiendo. La vocación de ser periodista la tiene desde chiquita”, dice Francis, la madre de Nakary.

Estudió desde preescolar hasta el quinto año de secundaria en el Colegio Sagrado Corazón de Jesús en Los Teques, Miranda, fundado en 1952 por la Congregación de Misioneras del Divino Maestro. Nakary es católica y creyente. 

“Desde pequeña fue una niña muy tranquila, aplicada en su colegio, no le gustaba dejar de hacer las tareas, no se lo permitía. Aplicada y disciplinada, ella siempre fue. Los cuadernos de Nakary eran impecables con cada rayita en su lugar, márgenes hechos con regla y muy coloridos”, asegura su mamá. 

En el discurso de Nakary a sus compañeros y maestros del colegio dijo que “no se puede tener arcoíris sin lluvia”.  

La periodista Nakary Ramos Mena fue detenida el 8 de abril de 2025. Estuvo desaparecida dos días hasta que se comprobó que fue capturada por funcionarios del CICPC porque se le acusa de los delitos de instigación al odio y publicación de noticias falsas. Junto con ella también fue privado de libertad su pareja, Gianni González, videógrafo y asistente de cámara, con quien tiene una hija en común que ahora está bajo el cuidado de sus abuelas. 

El hecho ocurrió después de que la periodista desarrollara una nota en la que hizo una cobertura audiovisual sobre la inseguridad en Caracas. En el trabajo consultaba a los ciudadanos su percepción del tema. El reportaje fue publicado en Impacto Venezuela, medio digital en el que labora. 

“A partir de la detención de Nakary se nos vino una verdadera tormenta encima. Me duele porque no solo es injusto, esto también frena sus sueños”, dice Francis.

Uno de los mayores anhelos de Nakary era ser periodista. Y alcanzó esta meta al ser egresada como licenciada en comunicación social de la Universidad Católica Santa Rosa (UCSAR), de la sede de Los Mecedores, ubicada en la parroquia La Pastora, en Caracas. 

Nakary Mena

Nakary soñaba con ser una mujer profesional e independiente, ser reconocida como una buena periodista, también con formar una familia y ser madre. Esa eran sus metas, cuenta su mamá. 

Como tantos otros jóvenes de clase media en Venezuela, Nakary hizo sus estudios con el apoyo y sacrificio de su mamá, no solo por lo que representaba reunir el dinero para pagar la matrícula de la universidad, sino por vivir tan lejos de la UCSAR. 

Las clases comenzaban a las 7 de la mañana. Para llegar a tiempo, Nakary debía madrugar. Se levantaba cada día antes de las 5 de la mañana y viajaba en Metro desde Los Teques hasta Caracas, para luego tomar un autobús a Los Mecedores.

Por un tema de salud, una escoliosis que afectó su espalda, debió parar durante dos semestres, pero luego de su recuperación retomó las clases. 

En su segunda etapa universitaria el horario de clases fue nocturno, Nakary salía a las 9:30 de la noche de la UCSAR, tomaba una camioneta de transporte público para conectar con el Metro. Llegaba a la estación Guaicaipuro del Metro de Los Teques casi a las 11 de la noche, su hermano mayor, Jaminson, siempre la esperaba para acompañarla hasta su casa. Una rutina que se prolongó por cinco semestres.

“La esperaba con angustia. Me preocupaba que estuviera hasta tan tarde en la calle. No podía dormir hasta que llegara a la casa”, recuerda Francis. 

Su único hermano, Jaminson de 37 años, emigró a España, tiene 8 años fuera del país. Nakary tiene 28 años. Francis fue madre y padre para ambos. 

Los amigos la describen como una mujer solidaria y creativa. Durante años practicó baile, hizo coreografías, es bailarina, pero por la afección en la espalda que llevó a una cirugía en quirófano, dejó el baile. Hizo modelaje y hasta participó en algunos concursos de belleza. 

“Aunque es femenina y menudita, Nakary es de carácter muy fuerte. Ella es tranquila, tiene templanza, pero cuando algo no le parece bien, lo expresa con contundencia. No se deja doblegar. Es muy justa (…) A quien tenga que decirle las cosas, se las dice. Tal vez lo que más la puede molestar es la injusticia, y ahora le pasa esto a ella”, agrega su mamá.

Quienes la conocen dicen que Nakary disfruta viajar cada vez que puede, ama el mar y por eso le encanta ir a la playa. Pero desde que es mamá, su pasatiempo predilecto es compartir con su hija, Giorgia González Mena de 5 años, llevar a la niña al cine, ir a un parque o compartir un helado con ella.

A Gianni González, su marido, lo conoce desde la infancia, ambos estudiaron en el mismo colegio en Los Teques, aunque el noviazgo surgió ya de adultos. Juntos han construido una relación de 7 años de historia como pareja.

“Es una mamá entregada, ese es su mayor dolor”, comenta Francis. 

La niña ha pasado a primer grado, ha mudado dos dientecitos, eso le duele a Nakary, esa es su tristeza, no estar presente en estas experiencia de su hija. 

Francis lleva a su nieta, la hija de Nakary, cada 15 días a ver a su mamá en el centro de detención donde está recluida en El Hatillo, en Caracas.

Todos los niños y niñas tienen derecho a mantener, de forma regular y permanente, relaciones personales y contacto directo con sus padres. Se trata de un derecho de doble titularidad: pertenece tanto al niño como a sus padres, quienes también tienen la prerrogativa de mantener contacto con sus hijos, así lo garantiza el artículo 27 de la Ley Orgánica para la Protección de Niños, Niñas y Adolescente (LOPNA).

La pequeña Giorgia está al tanto de la situación de su mamá. Es una niña inteligente, por tanto, Nakary decidió contarle todo en una versión adaptada para su edad pero hablarle con la verdad.

Apenas fue detenida, Francis le decía a su nieta que Nakary estaría fuera de casa por poco tiempo, pero los días transcurrían y no regresaba. La niña preguntaba una y otra vez dónde estaba su mamá y qué sucedía.

“Para que el trauma no sea mayor ella tiene que saber lo que está pasando, debemos ser honestas o le vamos a volver loca su cabecita”, le decía Nakary a Francis. 

La nieta de Francis, Giorgia, le dice a su abuela que si ella hubiese acompañado a su mamá el día de la detención, hubiese salvado a Nakary de los malos. 

En la última visita del sábado 12 de julio, Nakary vio a su madre. Esa mañana la abrazó con fuerza, lloró mucho, relata Francis.

“Te extraño todos los días, no sabes cuánto te extraño. Si tú puedes, yo puedo”, son las palabras que dijo Nakary a su mamá. 

Nakary Mena

Nakary le escribe carticas a Francis en las que el leit motiv es agradecerle por cuidar a su hija Giorgia y lo que hace por ella, también pedirle que se cuide. A Francis, una señora de cerca de sesenta años y jubilada, la detención de su hija le cambió la vida.

“Mamá no te me vayas a enfermar, no decaigas. Mamá te amo, todo lo que tengo y soy en la vida te lo debo a ti”,  cuenta Francis de lo que le dice Nakary mientras se le quiebra la voz. 

En este encuentro Nakary le confesó a Francis que extraña su comida. 

Nakary y Francis

“A mi hija no le gusta cocinar. En la pareja, es Gianni el encargado de esta tarea del hogar, él estudió para ser chef”, relata. 

Caraotas, arroz blanco con tajadas, ensalada rallada o un pescado frito. Comida casera y criolla es el menú habitual en la casa de los Mena Ramos. Nakary come de todo. No es exigente, según su mamá. “Le gusta la sopa, en especial la ollita de sopa que preparo para los almuerzos de domingo con verduras, aliños y un cruzado de pollo y carne de res”. 

Ese caldo que sabe a hogar y a la sazón de su mamá es la comida que añora Nakary. Francis confía que muy pronto se volverá a tomar la sopa en casa y con libertad plena. 

El Tribunal 1º de Control del Área Metropolitana de Caracas ordenó privativa de libertad y pase a juicio de la periodista y su pareja. También reiteró la imputación por los delitos de instigación al odio y difusión de noticias falsas.

Cada fin de semana Francis hace el recorrido entre Los Teques y El Hatillo en transporte público, un trayecto que le lleva dos horas de ida y dos de retorno. En Caracas la esperan su hermana y una sobrina, entre otros familiares que la apoyan.

“Estoy agotada, estoy muy cansada, pero con la voluntad de pie. Vivo para ella y lo hago con todo el amor del mundo. Ruego que no olviden su caso, la peor condena es el olvido. Me aferro a mi Dios. Yo no pierdo la fe (…) Mi hija es hermosa, justa, correcta y ética. Si hay justicia ella quedará libre. Su fe es inquebrantable”, decreta Francis. 

Con estas palabras concluyó Nakary, por entonces una adolescente, el discurso de grado a sus compañeros de bachillerato del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Los Teques: 

“Cuando te digan que es difícil, que no vas a poder, si sientes que puedes, puedes. No hay carreras imposibles, no hay límites difíciles, no hay metas lejanas, ni sacrificios eternos. Al contrario, que todos los comentarios negativos sean ganas, fuerza, voluntad y constancia para seguir. Sé un combatiente de tus ideas, lucha por lo que amas, sé un soñador, que nadie ni nada te nuble los sueños”.

Por Jonathan Gutiérrez

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