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Este 18 de agosto se cumple un año de la detención del periodista Víctor Ugas, quien fue apresado en Caracas y trasladado posteriormente al centro penitenciario de Tocorón, en septiembre de 2024. Durante este tiempo, su familia ha denunciado violaciones al debido proceso, condiciones de salud precarias y un retardo judicial prolongado que agrava su situación.
Su madre, Yris Azócar, recuerda con dolor que lo vio por última vez el 27 de junio, Día del Periodista en Venezuela, cuando ya su hijo acumulaba un mes con fiebre sin recibir atención médica adecuada. Víctor, de 37 años, padece de asma crónica y durante meses sufrió una carotiditis severa. Solo tras una larga insistencia le entregaron tratamiento, relata Azócar.
Ugas fue detenido luego de una confrontación con el tiktoker Emmanuel Marcano en un local nocturno de Caracas. Poco después fue presentado ante los tribunales.
“El último año ha sido un infierno. Mi hijo está enfermo, estresado, en depresión y con crisis constantes de asma. Ha pasado todo este tiempo detenido injustamente, sin un juicio justo y sin respeto a sus derechos humanos”, expresó su madre.
Un proceso judicial plagado de irregularidades
Víctor Ugas fue imputado por los delitos de “incitación al odio” y “lesiones leves”. Su audiencia preliminar fue suspendida en 11 oportunidades. Iniciado el juicio, y luego de al menos 7 audiencias, recientemente fue cambiada la jueza a cargo, lo que prolonga aún más la indefinición sobre su caso.
“Pido respeto al debido proceso, que se escuche la verdad y que se respeten los derechos fundamentales de mi hijo. Él es inocente de esos cargos”, insiste Azócar.
Desde febrero de 2024, Ugas había sido víctima de hostigamiento y persecución, con patrullas y drones monitoreando su vivienda. En marzo fue detenido arbitrariamente por varias horas en el Centro Simón Bolívar, lo que anticipó el patrón de acoso que culminó con su encarcelamiento definitivo en agosto.
Una familia rota por la prisión
El periodista es padre de un niño de cuatro años. Además, la hermana menor de Víctor es paciente especial, diagnosticada con 13 enfermedades raras, lo que aumenta la carga emocional y económica del hogar.
Yris Azócar, quien vive en Carúpano (estado Sucre), enfrenta enormes dificultades para visitar a su hijo. Con discapacidad visual y problemas de movilidad, depende de servicios privados de traslado puerta a puerta para viajar hasta Caracas o Tocorón. “He tenido contratiempos, choferes que no me entienden o que me llevan a lugares que no son, me cuesta ubicarme”, relata.
Ella no tiene sentido de la distancia, profundidades, visión periférica y en ocasiones las imágenes no le llegan al cerebro.
“Este ha sido un año de rabia, de depresión horrible. Hay días en los que no quiero salir de mi casa. Me ha costado mucho seguir viviendo”, confiesa la madre del periodista, quien se ha refugiado en la iglesia y recibe asistencia psicológica para sobrellevar la carga.
Pese a las adversidades, mantiene la esperanza de que la justicia prevalezca. “Solo pedimos una decisión justa y que se respeten los derechos humanos de mi hijo”, concluye.
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Génesis Carrero Soto